Señor Jesús, ayúdame a confiar en tu buena y agradable voluntad para mi vida, toma todas mis preocupaciones, lleva todas mis cargas, que no me falte la fe para buscar tu presencia, ni la humildad para depender por completo de tu amor. Amén.
La angustia y la preocupación prolongadas pueden terminar derrotando a los creyentes. Otros sinónimos de preocupación son: aflicción, mortificación, impaciencia, pesadumbre, anticipación, obsesión y miedo. La preocupación se manifiesta como pensamientos perturbadores que muy probablemente nunca acontecerán pero que nos atormentan constantemente. En el ámbito espiritual la preocupación evidencia falta de fe en la omnipotencia y en el amor de Dios para nuestras vidas. Los estados de preocupación permanentes alteran el equilibro interno de nuestro organismo, se liberan sustancias que de forma crónica terminan afectando nuestro sistema inmunológico haciéndonos susceptibles a enfermar, reduce nuestra capacidad de prestar atención afectando nuestra vida laboral o académica, disminuye nuestro sistema de tolerancia, volviéndonos irritables y entorpeciendo nuestras relaciones interpersonales, etc. La preocupación es una cadena de sucesos que nos agotan física y mentalmente minando nuestra fe e impidiendonos alcanzar el buen propósito que Dios tiene con cada uno.
Por tanto, paremos de preocuparnos y humillémonos ante el Dios de lo imposible, dependiendo de Él, de sus promesas y de su provisión. Lo primero que debemos hacer es buscar su Reino y su justicia y Él se encargará de añadirnos todo lo que necesitemos.
Enlaces rápidos