Señor, con el mismo amor que colocaste en mi corazón ayúdame a servir a mi hermano, al necesitado, bendice mi vida para que no falte provisión para dar con toda liberalidad, que mi corazón no se endurezca ante la necesidad ajena. Amén
“Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso.”, Proverbios 31:20
Así como Dios extendió la mano para salvarnos y realizó un acto de amor a través de Cristo, también estamos llamados a extender nuestra mano al necesitado, teniendo la misma compasión que Dios tuvo con nosotros, llevándole la Palabra que llena su corazón, pero también auxiliándole en su necesidad material. Si vemos a un hermano que no tiene ropa ni comida y solo le decimos palabras de aliento, “Dios te bendiga” pero no le damos lo que necesita, de nada sirve; lo mismo pasa con la fidelidad a Dios: de nada nos sirve decir que le somos fieles, si no hacemos nada que lo demuestre (Santiago 2:15-17), porque nuestra relación es como una cruz, vertical con Dios (amar a Dios, sobre todo) y horizontal con mi prójimo y mis hermanos (y amar al prójimo como a tu mismo). (Mateo 22:36-40) Si tenemos bienes de este mundo y vemos a nuestros hermanos en necesidad, y cerramos el corazón, ¿cómo morará el amor de Dios en nosotros? (1 Juan 3:17). Por lo tanto, no endurezcamos nuestro corazón, sino que extendamos nuestra mano con liberalidad, tal como Cristo lo hizo con nosotros.
Enlaces rápidos