Señor tu restauración está disponible para toda la humanidad, pero para poder que el mundo la experimente necesita creer en tu obra redentora; yo he creído en ti y sé que esa restauración, de la que han sido testigos todos esos hombres y mujeres descritos en la biblia, también se ha hecho una realidad en mí. ¡Gracias Señor Jesús!
“Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11:38-40
En devocionales anteriores nos cuestionamos sobre qué tipo de recuerdos se vendrían a la mente de Marta y María cada vez que percibían el hedor de una tumba (Juan 11); claramente sentirían tristeza, dolor, les recordaría la ausencia de su hermano. Pero, observa cómo fue transformado ese recuerdo por Jesús: “Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:41-43). De manera extraordinaria Jesús da la orden a Lázaro de que se levante de la muerte y salga fuera de esa tumba; acaso ¿esa palabra de Jesús no transformaría el recuerdo de Marta y María? Claro que sí, pues cada vez que volvieran a experimentar ese olor de hedor o vieran una tumba ya no recordarían el dolor que sintieron en ese momento, sino que vendría a su memoria LA VICTORIA DE CRISTO SOBRE LA MUERTE, la manifestación de la gloria del Hijo de Dios, y hablarían sobre cómo fueron testigos y vieron la gloria de Dios, cumpliéndose así lo que Jesús manifestó: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40). El impacto de la obra de Cristo fue tan grande en ese lugar, que no solo transformó la vida de estos 3 hermanos, sino también toda la ciudad, pues Betania hasta ese momento era conocida, por algunos, como “casa de aflicción”, pero a partir de la extraordinaria obra de Jesús ya no se conoce más con ese nombre, sino como al-Eizariya, que traducido es “sitio de Lázaro”. De la misma manera en la que ese lugar fue impactado ha sucedido con nosotros, pues nuestra vida, gracias a la obra de Jesús, ya no se conoce como casa de aflicción, dolor o abandono, sino como el Templo del Espíritu Santo de Dios (1 Corintios 3:16).
Enlaces rápidos