Señor Jesucristo, gracias por perdonar mis pecados, gracias porque me amaste a pesar de lo que soy y me diste una nueva oportunidad. Pon guarda en mi boca y no permitas que yo juzgue a la ligera, déjame mostrar tu amor, independientemente de las faltas de otros, no tengo derecho a juzgar, ni a criticar a nadie. Te pido espíritu de discernimiento para entender por lo que otras personas están pasando. Amén
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” Mateo 7:1-2
Podríamos creer que este es un mandamiento fácil de obedecer, pero no lo es, la historia nos recuerda muchos errores de juicio que han causado heridas y dolor a nuestros semejantes. Pensar siempre lo mejor de los demás es un deber santo que debe mostrar nuestra benevolencia con otros. Palabras como: “esa persona no vale nada, o no sabe hacer nada, o no sirve para nada, etc.”, han esclavizado y anulado a mucha gente dotada de talentos y los han hecho miserables. Por eso, hay que cuidar nuestro hablar. La actitud condenatoria y crítica con que podemos dañar a otros, no es una actitud de amor. Es difícil encontrar a alguien que no haya sido culpable de algún juicio erróneo o que lo haya padecido de otras personas. Hay varias razones para no juzgar a la ligera. La primera, es que a veces no conocemos totalmente las circunstancias que llevan a una persona a hacer o actuar de cierta manera. No juzguemos hasta que no nos metamos en los zapatos del otro y vivamos la misma situación. Si supiéramos lo que algunas personas han tenido que pasar, no las condenaríamos sino que las ayudaríamos. Lo segundo, es que a todos nos es prácticamente imposible ser estrictamente imparciales en nuestros juicios. Una y otra vez presentamos reacciones instintivas e irracionales con la gente y más con los que no conocemos. Solo Dios puede juzgar, Él conoce los corazones. Fue Jesús quién estableció la mayor razón por la que no debemos juzgar a otros y es que nadie es lo bastante bueno para juzgar a otro. Recordemos Lucas 6:42 “¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”. Si necesitamos atraer a otros a Cristo no los juzguemos, mostremos el amor incondicional de Dios y recordemos que es ese amor el que cubre multitud de faltas.
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