Padre, ¡qué privilegio y qué gracia tan incomparable la que has tenido al sellarme con tu Espíritu! No merezco tanto amor, sé que es tu don. Permíteme, Señor, conocerte y permanecer en ese eterno amor al obedecer tu voz, por Jesucristo, mi Señor, amén.
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;” 1 Juan 2:3-4 “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Juan 15:10
Repetidamente, pensamos y nos cuestionamos el tener que obedecer en todo a Dios, pues nos parece difícil, aburrido y hasta imposible. Pero si esto pasa es porque en esencia no conocemos a Dios. Dios es amor y el que guarda sus mandamientos permanece en su amor (1 Juan 4:8).
También es muy común encontrar personas que dicen conocer, respetar o creer en Dios, pero claramente sus vidas evidencian todo lo contrario, pues en lo que se resumen los mandamientos de Dios, amarlo a Él y amar al prójimo, no es parte importante en sus vidas.
Conocer a Dios implica obedecer su voz, pues es en medio de la práctica donde verdaderamente experimentamos una relación sincera, real y profunda con Él, de tal manera que vivida la Palabra de Dios en cualquier aspecto de nuestra vida, podamos de manera certera manifestar que hemos conocido a Dios y que permanecemos en su amor.
Es vital que recordemos que Dios ha derramado su amor por medio de su Espíritu que mora en nosotros, y que es a través de Él que podemos obedecer, así que, conocer a Dios verdaderamente y permanecer en su amor, es posible cuando vivimos direccionados por el Espíritu Santo. (Romanos 5:5, 8:13)
Enlaces rápidos