Padre, quiero marcar diferencia en este mundo lleno de maldad, quiero ser luz en medio de la oscuridad y llevar tu verdad con amor, no participando en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendiéndolas. En el nombre de Cristo Jesús, amén
“Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos. Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. Entre estos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. A estos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.” Daniel 1:3-7
Jerusalén fue sitiada por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Muchos del pueblo fueron llevados cautivos al exilio, fuera de la región de sus padres. Pero el rey de Babilonia pidió para su servicio jóvenes de Israel; y para que estuvieran preparados para servirle fielmente, la estrategia requería tres cosas:
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