Amado Señor, gracias por tu palabra eterna, por enseñarme a través de ella que tú eres el dueño absoluto de todas las cosas y de mi vida. Ayúdame a cumplir los principios para que tenga actitudes sanas en mi área financiera y para aprender a ser generoso, porque más bienaventurado es dar que recibir. En el Nombre de Jesús, amén.
“Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan. Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia. Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida” Proverbios 8:17-19 “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Mateo 6:33.
El Señor es el dueño de absolutamente todo; dice su palabra que “de Él es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan” (Salmo 24:1), por lo cual es nuestra fuente de toda bendición y toda buena dádiva. Pero el Señor no quiere que tengamos un corazón ambicioso, quiere ayudarnos a manejar una de las áreas más complicadas de nuestra vida, la financiera, que siempre ha traído pleitos y conflictos con otros. Nos ha dado unas pautas para que seamos libres financieramente y generosos:
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